Reflexión ante la “cultura de la represión”

Reflexión ante la “cultura de la represión”

Miriam Betch Guishi*

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser pisados. La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras. Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir.

“El Miedo Global” de Eduardo Galeano

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Mucho se habla en los medios de comunicación, en las calles, en espacios públicos y al interior de las familias mexicanas el tema de la inseguridad por la que atraviesa el país, el clima de violencia y la crisis económica por la que atraviesan los bolsillos de los trabajadores. En resumen, podríamos traducir esto como un clima de incertidumbre, un complejo de vulnerabilidad persigue ahora a toda la sociedad civil, se convierten en vulnerables a perder el empleo, la educación, la salud, la vida misma.

Esta se da acompañada de una campaña generada por los medios de comunicación masiva como el radio y la televisión que plantea un clima de terror que a la vez justifica el abuso de autoridad por parte de policías y militares.

El sociólogo Gerrit Huizer observa que uno de los medios para sostener el poder es crear un clima artificial de incertidumbre e inseguridad: Ya no es sólo la incertidumbre de los medios de subsistencia,  sino también la que impone el poder de la élite, llámese narco-poder o poder institucional del Estado. El resultado de esta incertidumbre e inseguridad en el nivel mínimo de subsistencia, es la intimidación.

La cultura de la represión se alimenta de la incertidumbre, como el desempleo, el rechazo de aspirantes a universidades publicas, los salarios indignos, la desnutrición, la falta de educación científica, la falta de atención médica, necesidades enmarcadas en las garantías individuales; la omisión al cumplimiento de estas,  tiende a  multiplicar la delincuencia, se criminaliza la pobreza, se justifica la militarización ante este clima de inseguridad.  Es decir, se ataca a la consecuencia y no a la raíz del problema; Esta interrelación de los derechos humanos crea un ciclo de vulnerabilidad muy elevado de violación, ya que de la omisión de obligaciones por parte del Estado, pasa a la criminalización de los marginados.  Mismos que se abstienen de hacer demandas aunque se completamente justificadas, por temor a peder su precario medio de subsistencia; El temor de poder perderlo todo no es imaginario ha sido probado, cuando los grupos de poderosos hacen sentir su poder. Ya no es sólo el luchador social, el defensor de derechos humanos aquellos que pueden perder la integridad  y la vida, ahora también es la sociedad civil como en el caso de Cherán Michoacán.

El escenario base.

Tan sólo el Ejército y la Armada incrementaron 495 por ciento y 355 por ciento, respectivamente, De acuerdo con la Cuenta de la Hacienda Pública Federal 2007, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) pasó de un presupuesto original de 300 millones de pesos a mil 785 millones para gastos en bienes muebles e inmuebles, obra pública e inversión física.

La presencia de los militares en las calles del país es violatorio a  la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que en su artículo 129 de la Establece que “en tiempos de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer mas fuerza que las que tenga exacta conexión con la disciplina militar”. La misma comisión Nacional de los Derechos Humanos ha enviado ya 10 recomendaciones relacionadas con militares por asesinato, tortura, detención arbitraria, ejercicio indebido de la función publica, violación a la seguridad jurídica e incomunicación. A la vez, en lo que va del sexenio de Felipe Calderón, se han registrado 983 quejas en contra de cuerpos del ejecito.

Aprobar la expedición de licencias de armas de fuego que les permitan a los cuerpos policíacos estatales y municipales contar con el arsenal más sofisticado, con el pretexto de modernizar a los cuerpos encargados de la seguridad pública y hacer frente al crimen organizado, oficializa el uso de una fuerza intimidatoria en contra de la población trabajadora, además de pretender acostumbrarnos a todos a ver desfilar por todas las calles en las que transitamos a los cuerpos coercitivos del Estado armados con rifles de alto poder, haciendo de los jóvenes un blanco fácil de extorsión y/o un chivo expiatorio que permita justificar los operativos que se implementan. Se viola el artículo 18º que establece que: “en todos los procedimientos seguidos a los adolescentes se observará la garantía del debido proceso legal, así como la independencia entre las autoridades que efectúen la remisión y las que impongan las medidas. Estas deben ser proporcionales a la conducta realizada y tendrán como fin la reintegración social y familiar del adolescente, así como el pleno desarrollo de su persona y sus capacidades”

Más preocupante aún es la aprobación para formar “unidades especializadas de policías fiscales y agentes del ministerio público dedicadas exclusivamente al combate de bandas de plagiarios” ya que se da el banderazo de salida a grupos paramilitares, grupos mercenarios difícilmente inidentificables como servidores públicos, que complejiza aun mas la defensa de los derechos humanos, y pone en alto riesgo la integridad física, psicológica y jurídica de la población, pero en mayor vulnerabilidad la de aquellos grupos organizados, recordemos la época de la guerra sucia, llena de impunidad que permanece hasta nuestros días.

Preparación y adiestramiento en el uso de armas de fuego y explosivos a los policías que esperan que combatan a la delincuencia organizada es su alternativa, les debemos recordar a las autoridades, que no es correcto en la toma de decisiones que afectan a la población, perder de vista la realidad: ¿cómo piensan garantizar que estos policías entrenados para matar, estarán al servicio de la justicia? Sólo demos un vistazo a los medios de comunicación y nos daremos cuenta de que en cada detención de alguna banda de delincuentes siempre aparece algún miembro de corporaciones militares o policíacas al mando. Lo que hace el gobierno es formar delincuentes con gran capacidad operativa.

Este presupuesto fue aumentado a costa del sacrificio de presupuestos destinados a la educación, a la cultura, la ciencia y la tecnología. El recorte a los presupuestos de educación, cultura, ciencia, son muestra de cómo se va generando un estado militar, basado en la fuerza y no en el dialogo, no en la negociación, mucho menos en el consenso.

Vemos con preocupación que respecto a la ley de delincuencia organizada se aumentan sanciones a los delitos establecidos en el código penal, cómo se destinan cantidades millonarias de recursos económicos en la adquisición de armas y como se crean cada vez más organizaciones policíacas y paramilitares bajo el discurso de combate a la delincuencia organizada.

Propuesta ante la “cultura de la represión”

La solución se encuentra en aprobar recursos a los centros educativos, a la mejora de centros de atención médica, a la creación de trabajos mejor remunerados, donde se respeten las garantías de los trabajadores.

Sin embargo, cuando los organismos no gubernamentales hacemos ejercicio de nuestra obligación de vigilar y denunciar las violaciones a los Derechos Humanos, vemos con preocupación que los espacios de diálogo se van cerrando con mayor frecuencia y dureza por parte de los funcionarios y las instituciones que estos representan. Es decir, cada vez se hace más difícil que un organismo de derechos humanos independiente pueda cumplir esta tarea, tras los constantes abusos de los cuales son víctimas ya no sólo los luchadores sociales y los defensores mismos, sino la sociedad civil en general.

La incertidumbre necesaria para fortalecer la cultura de la represión se retroalimenta con la crisis económica mundial, con la criminalización de la protesta social, con la represión y la impunidad.

*Abogada Defensora de los Derechos Humanos y Antropóloga Social

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1 comentario»

  210171 wrote @

me gusta tenemos que unir fuerzas y crear conciencia echar abajo esas contra-reformas y llevar acabo la inpugnacion (nadie vendrá hacer lo que a nosotros nos corresponde)


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